
Últimamente he sobrevivido varias veces a la misma pregunta. “¿Si venías a España, por qué escogiste Madrid?”. Y la verdad es, sinceramente, que no lo sé. Quizás debería decir que el destino me trajo aquí, pero no tengo respuesta. Sólo sé que me siento acogida sin que me cuestionen y que ahora formo parte del 13% de madrileños que habitan en esta gran ciudad sin haber nacido aquí.
Cada día me enamoro más de sus rincones. Cada día descubro un detalle nuevo al caminar por las calles. Cada día me maravillo más con la arquitectura. Cada día conozco una persona nueva, procedente de algún rincón del mundo, con una historia qué contar. Y cada día se me olvidan un poco más las quejas por obras y por los horarios de los bancos cuando camino por Gran Vía, descubro un poco más de una cultura distinta, disfruto del transporte que también puedo usar de noche y veo alguna exposición. Hay detalles que nunca serán iguales en otras ciudades.
Quizás a Madrid le falten letrinas, o algunas vivencias de las que tuve del otro lado, pero esta ciudad me sigue fascinando y me regala nuevos recuerdos. Santiago es mi ciudad natal, es la que llevo en las entrañas (por decirlo de alguna forma), pero Madrid es últimamente el lugar donde me estoy forjando una nueva vida.
Sé que cuando pise tierra dominicana, lo primero que harán todos será verificar si he cambiado. Aunque no se note mucho, siento que lo he hecho. Y me alegro. No hay ninguna experiencia importante de vida que no te cambie por lo menos un poco y este nuevo hogar adoptivo es, desde luego, una de ellas…


