
Las noches de luna están más que mitificadas: tienen canciones, poemas, dedicatorias interminables y hasta testimonios intrascendentes.
Pero las mañanas… las mañanas de luna llena me hablan de cuando se descubre el mundo de las palabras y “luna” es una de las primeras que se aprende a pronunciar. Decir luna, por las mañanas, me recuerda las enseñanzas en chiquito, en pequeñas proporciones, que se esparcen a cuentagotas al caminar. Me hablan de cuando te enseñé a distinguir esa esfera luminosa entre el cielo oscuro, que a veces se hace acompañar de estrellas. Y de cuando tú me enseñaste a mí a no subestimarte, porque hay mañanas que también tienen luna y de reconocerla sí que sabes.




